REHABILITACIÓN DE LA CASA DE VARGAS.
MADRID

La intervención arquitectónica que ayudamos a realizar con el nombre genérico de “Casa de Vargas”, incluye tres ámbitos diferentes, sin duda relacionados entre sí desde el origen del complejo,  pero con  diferentes crecimientos o decrecimientos a lo largo del tiempo. Estos tres ámbitos son la casa-palacio de Vargas, las grutas de descanso y divertimento renacentistas y el jardín “filipino” ligado a ambos espacios arquitectónicos.

La voluntad del Ayuntamiento es recuperar las tres piezas  de una manera coordinada, respetuosa con la historia y útil como museo sobre la Casa de Campo y como enseñanza, contemplación y disfrute de un jardín renacentista y unas grutas lúdicas.

Las iniciativas para el rescate o utilización de este espacio conjunto han sido muchas a lo largo de la historia y numerosos estudios de carácter histórico y arqueológico han venido dando cuenta de la importancia para la ciudad de Madrid de este ámbito.

La Casa de Campo se declaró Bien de Interés Cultural, en la categoría de Sitio Histórico, con fecha 15 de Julio de 2010 mediante el DECRETO 39/2010, de 15 de julio, del Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid.  En dicho decreto se establece un conjunto de áreas diferenciadas y recintos que requieren un tratamiento específico y entre dichas áreas se enumeran las siguientes: Casa-Palacio de Los Vargas y Jardín de Felipe II o Reservado.  Se  señala en la Declaración que el proyecto que ponga en usos estos edificios y jardines deberá ajustarse en lo necesario a los dictámenes emitidos por las comisiones especializadas en materia de protección del patrimonio a los que preceptivamente deba someterse, así como a los requerimientos realizados en su supervisión.

Para la redacción del proyecto de recuperac ión de la “Casa de Vargas”, la Dirección General de Patrimonio Cultural del Ayuntamiento de Madrid, ha estado realizando en los últimos cuatro años trabajos de investigación y documentación material sobre la Casa-Palacio de los Vargas y los Reservados, de titularidad municipal, habiendo llegado a la presentación de un anteproyecto para su rehabilitación.

Este anteproyecto  ha sido redactado por los arquitectos José Ramón Menéndez Luarca, Pau Soler Serratosa y  Luis Ramón-Laca Menéndez de Luarca y desde sus determinaciones y conceptos generales ha venido desarrollándose un proyecto de ejecución bajo la dirección de las arquitectas y funcionarias municipales Blanca Mora y Cristina Moreno con el apoyo de la UTE Bardají- Valladares y en especial de sus arquitectas María Noriega, Henar Herguera y Manon Hubert y específicamente en el jardín,  de Ana Luengo y Coro Millares.

El anteproyecto plantea devolver el espacio interior del palacio a la configuración que desde el siglo XVI tenía, si bien considerando algunas intervenciones y en especial la que reforma el aspecto exterior del palacio y que llevó a cabo el arquitecto Francisco Sabatini en 1773. La intervención sugerida en el anteproyecto y que se recoge en el proyecto de ejecución es la de devolver el espacio de las galerías de circulación interior en planta baja al norte, este y oeste, hoy cerrados, a una relación directa con los jardines dejando los arcos abiertos. Esta relación se detecta ya desde el dibujo de F. Castello de 1635.

Asimismo la planta de las dos alas y el cuerpo central del palacio se restituyen a su situación original para lo cual se han realizado excavaciones arqueológicas meticulosas accediendo hasta el nivel del siglo XVI y los diferentes niveles de las reformas posteriores. La documentación histórica existente y la realidad arqueológica señalan que las dos alas del palacio se distribuían con muros que configuraban en cada ala un cuadrado dividido en cuatro espacios o alcobas  a los que se accedía por las galerías de las fachadas este norte y oeste  y que, en algunos casos, adaptaban su superficie a las necesidades del alojamiento ampliándose hacia la fachada sur. Esta disposición se mantiene con muy similares condiciones arquitectónicas hasta 1964 fecha en la que el arquitecto municipal Herrero Palacios aborda, perpetra, una reforma que elimina completamente los muros interiores salvo los del núcleo central, los forjados existentes y, en especial, las armaduras de los techos de las estancias de la primera planta. La reforma deja el interior del edificio con seis pilares metálicos en cada ala y un forjado de vigas metálicas y bovedillas cerámicas de media vuelta.

El proyecto de ejecución recupera los muros de las “cuadras” de las alas mediante una estructura de madera que en pilares duplicados y atados horizontalmente  alcanzan el espesor de los muros originales y permiten el paso de algunas instalaciones cerrándose con paneles de madera que posibilitan, asimismo, diversas disposiciones para la museología del edificio. Sobre estos nuevos muros de entramado de madera y los recuperados con su materialidad original del núcleo central se disponen los nuevos forjados de madera así como la cubierta también de madera que podrá percibirse desde la planta primera a través de las nuevas armaduras de cubrición de alcobas que se rehacen pero se dejan permeables visualmente. Como es preceptivo, las obras deben cumplir las disposiciones del CTE y con especial  hincapié en las mejoras de la eficiencia energética del edificio.

Con las premisas y contenidos señalados,  la obra se está realizando con un interés muy detallado en que cada vestigio arquitectónico que aparece y que no había sido anteriormente detectado tenga, en el conjunto del edificio,  un encaje constructivo  desde el respeto al edificio y a su “alma histórico-arquitectónica”.